Lo que debéis hacer para solucionar esto es volver a asociar nuestro nombre con cosas y actos interesantes o divertidos, y de ese modo nuestro nombre recuperará su función de llamada y actitud de atención.
2. Otro posible motivo por el que a veces no atendemos es que estemos muy entretenidos con algo que creemos más interesante que lo que vais a ofrecernos. Por eso, nuestro nombre ha de ser usado siempre con coherencia y sentido común. No nos llaméis por nuestro nombre sólo para regañarnos o cuando nos vamos a ir del divertido parque a la aburrida casa, o para quitarnos un rico bocado de la boca, porque aprendemos rápido.
3. También puede ser que seamos hiperactivos, como algunos niños, y cuya solución conlleva una ardua tarea identificativa (para diferenciar al hiperactivo del excitable) y educativa, que ampliaremos próximamente en otra publicación.
O también puede ser que nos distraigamos con el vuelo de una mosca, bien por déficit de atención, bien porque, como es mi caso, si bien soy alta, guapa y tengo un cuerpazo, no soy precisamente una lumbreras pese a ser morena natural. Con nosotros sólo hay que tener un poquito más de paciencia, y mucho, muchisimo amor.
4. Y por último, puede que vuestra mascota sea sorda. Con los perros y gatos sordos hay que extremar algunas precauciones y la paciencia y el amor, pero nada más. Pueden llevar una vida feliz y plena completamente normal.
¿Cómo identificar si somos sordos o nos lo hacemos? Es fácil, por regla general no podemos resistirnos a una chuche exquisita y aromática ni al sonido de la bolsa o paquete en que viene, al abrirse. Hay muchas otras formas que se os ocurrirán con sólo usar un poquito el sentido común para confirmarlo, como por ejemplo decirle sin gritar ni ir hacia la puerta que os vais al parque o que vais a ponerle la comida, o que le vais a bañar, y observar su reacción.
En cuanto a las precauciones a tomar, vuelvo a apelar a vuestro sentido común. Sin sobreprotegerle, tener en cuenta que carece de un sentido que normalmente le daría una ventaja sobre los elementos cotidianos peligrosos. Y sobre su educación, que no es que sea extremadamente difícil, pero tampoco fácil, ampliaremos también otro día.
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