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Felices reencuentros entre perros y humanos.

Todos los días vemos tantas muestras de maldad y maltrato de todo tipo, incluido el animal, que es bueno para el espíritu recordar de vez en cuando que el amor entre nosotros y vosotros puede ser increíblemente grande y fuerte.

La educación en el amor y respeto mutuos debe comenzar desde la más tierna infancia para que este mundo sea cada vez mejor.

Este niño se emociona profundamente al reencontrarse con su perro perdido desde hacía un mes, y entre lágrimas le abraza diciendo "Te he echado de menos".


Esta perrita se reencuentra con su humano tras siete meses perdida. Las miradas de amor y el agradecimiento por estar de nuevo con él son palpables.



Y aquí el reencuentro de una señora con su perra tras una erupción de un volcán. Y es que el amor mutuo que sentimos nosotros por vosotros y viceversa puede con todo.




Obstrucción de las vías respiratorias, síncope vasovagal, colapso traqueal o de laringe, estornudo inverso, parada cardio-respiratoria, golpe de calor, o ataque epiléptico en perros. Cómo diferenciarlos y cómo actuar.

Nosotros, al igual que vosotros, podemos sufrir cualquiera de estas patologías, y es crucial que estéis preparados y sepáis reaccionar adecuadamente si se dan.

Lo primero es mantener la calma ante la situación por mucho que os afecte. Algo muy difícil de hacer en la práctica, pero absolutamente imprescindible si queréis ayudar a vuestro fiel amigo, que en ese momento dependerá por completo de vosotros y de vuestra correcta actuación.

Lo segundo y no menos importante es saber identificar qué le está ocurriendo, si está respirando y tiene pulso (un ataque epiléptico para alguien que nunca ha vivido uno puede confundirse con ahogamiento o asfixia), si algo ha obstruido el paso de oxígeno, o qué tipo de ataque está sufriendo vuestro perro para poder actuar correctamente y conseguir el tiempo necesario para llegar a un veterinario.

Manteniendo la calma podréis identificar qué le está pasando y darle los primeros auxilios de emergencia mientras os ponéis en contacto con vuestro veterinario, al que deberéis explicarle los síntomas y vuestra actuación de la forma más clara y exacta posible.

Por eso voy a intentar explicaros de forma sencilla las similitudes y diferencias entre una y otra de estas afecciones fáciles de confundir para alguien inexperto, y cómo actuar en cada caso.

- Obstrucción de las vías respiratorias:

Con frecuencia los perros nos atragantamos con algo que nos metemos en la boca, o huesos o algo que estemos comiendo. Este es un caso de emergencia en el que, si es posible sin causar más daño que bien, tenéis que actuar con rapidez y eficacia para retirar el objeto que nos está produciendo la asfixia sin esperar a la asistencia veterinaria.

Tu perro puede parecer sofocado, forzar arcadas, jadear y estirar el cuello y la cabeza intentando obtener oxígeno, darse nerviosamente en la boca con las manos, o dar rápidos lengüetazos al aire. O puede inclinar la cabeza, tambalearse y parecer haber perdido el conocimiento. Procura que no te invada el pánico y actuar con calma.

Lo primero es observar qué obstruye el paso de oxígeno y si puedes retirarlo fácilmente con los dedos o una pinza. Para ello debes abrirle la boca y tirar de su lengua hacia fuera, procurando evitar que en un espasmo te muerda o se muerda la lengua, y tirar del objeto que está atascado.

Si el objeto ha bloqueado totalmente las vías respiratorias perderá el conocimiento. Sólo en este caso, mientras el corazón sigue latiendo, se realiza la Maniobra de Heimlich para que expulse el objeto de la garganta. Túmbale de costado, ponle las palmas de las manos sobre la última costilla y da 4 empujes rápidos y secos, comprueba la boca para ver si ha expulsado el objeto, y si no es así repite los empujes hasta que lo expulse.


Otra técnica si se tiene un perro pequeño, es ponerlo cabeza abajo cogiéndolo de los muslos  justo por encima de las rodillas, y sosteniéndolo en el aire balancearlo hacia delante y hacia atrás suavemente, repetidas veces.

Una vez que lo haya expulsado observa si respira, y si no dale respiración artificial (ver más abajo, en el epígrafe 'Parada cardio-respiratoria'), y llévale inmediatamente a urgencias veterinarias para que le suministren oxígeno y observen que no hay desgarros u otros daños en su garganta.

- Síncope vasovagal:

El síncope o desmayo consiste en una pérdida transitoria de la consciencia debido a una disminución del flujo sanguíneo cerebral. Antes del síncope, el individuo puede tambalearse debido al mareo, pero la pérdida de consciencia suele ser relativamente brusca. Es habitual que el individuo se desplome repentinamente y caiga al suelo durante aproximadamente un minuto o poco más, y se recupera con rapidez.

El más habitual es el Síncope vasovagal, debido a la reducción del flujo sanguíneo cerebral que se produce como consecuencia de la activación de un reflejo nervioso natural que da lugar a la disminución brusca de la presión arterial y/o de la frecuencia cardíaca.


No debe ser considerado como enfermedad ni dar lugar a preocupación si existe un desencadenante claro, como miedo, dolor o ejercicio intensos, emoción, disgusto, o estrés. Sin embargo, cuando el desencadenante no es evidente, es conveniente realizar algunas pruebas diagnósticas, como un electrocardiograma, para descartar enfermedades cardiacas tales como miocardiopatías, valvulopatías o arritmias.

Aquí os muestro un vídeo de un perrito que sufre un síncope por la emoción de ver de nuevo a su humana tras dos años de ausencia:


- Colapso traqueal o de laringe:

El colapso traqueal o el de laringe son enfermedades degenerativas que aparecen con mayor frecuencia en individuos de ciertas razas de tamaño pequeño como Yorkshire Terrier, Caniche miniatura, Chihuahua, Mini Pinscher, Pequineses y otras el primero, y aquellos llamados braquicéfalos ('braqui' = corto, y 'céfalo' = cabeza) como los Bulldogs, Bóxer, Carlinos, Shih Tzu o Lasha Apso el segundo.


En estos casos el perro tiene habitualmente dificultades al respirar, ronca, y jadea en exceso. Debéis preocuparos si el perro comienza a toser emitiendo un ruido similar al del graznido de una oca, o sus ronquidos y jadeos empiezan a ser constantes y observáis un color azulado o malva o demasiado pálido en sus encías y en las mucosas del párpado inferior o vómitos o babas blancas cerca de la boca. En ese caso puede que estéis ante un caso grave y deberéis calmarle con voz suave mientras masajéais suavemente su garganta de arriba a abajo con los dedos, y cuando haya recuperado la calma acudir con rapidez a vuestro veterinario para valoración.

No se debe confundir con el estornudo inverso, que se define como un esfuerzo paroxístico y ruidoso, que en la mayoría de los casos va acompañado por la adopción de una postura ortopneica con extensión del cuello. Aquí no existe disnea obstructiva, la tolerancia al ejercicio generalmente es normal y los pacientes no muestran sintomatología entre los episodios. El estornudo inverso es un reflejo mecanosensible de aspiración, y por regla general es una condición benigna que raramente necesita tratamiento.


Las dificultades al respirar pueden desembocar en una parada cardio-respiratoria o en un golpe de calor (ya que los perros regulamos nuestra temperatura a través de la respiración).

- Parada cardio-respiratoria:

El paro cardíaco (también conocido como parada cardio-respiratoria o paro circulatorio) se produce cuando cesa la circulación normal de la sangre debido a la incapacidad del corazón para contraerse (insuficiencia cardíaca). Al igual que muchos otros sistemas corporales, los sistemas respiratorio y cardiovascular trabajan de manera coordinada. Por lo tanto, si un perro no puede respirar puede desembocar en una insuficiencia cardíaca y paro cardíaco.


Los síntomas de que está sufriendo una parada cardio-respiratoria son: pupilas dilatadas, pérdida de la consciencia (síncope), decoloración azulada de la piel y las membranas mucosas (cianosis) debido a que el oxígeno en la sangre está peligrosamente disminuido, dificultad para respirar (disnea) con jadeos inconstantes, hipotermia, y falta de respuesta a la estimulación.

Lo primero es comprobar que efectivamente estáis ante un paro cardío-respiratorio y no ante un caso de asfixia porque sus vías respiratorias estén obstruidas. Lo segundo comprobar si únicamente no respira, o si tampoco tiene pulso.

1. Determinar si tiene latido colocando vuestro oído sobre el pecho e intentando escuchar los latidos. Otra opción es buscar los pulsos en las patas, pero os recomiendo la primera que es mucho más sencilla.

2. Determinar si el animal está respirando observando si se mueve la caja torácica, o acercando vuestra cara a la suya para notar si sale aire.

Si ambas determinaciones son negativas, es decir, el animal ni tiene latidos ni respira, se encuentra en parada, y es entonces cuando tenéis que comenzar de inmediato la RCP (reanimación cardio-pulmonar). No debéis tener miedo a hacerlo mal, o hacerle daño o incluso romperle una costilla; si estáis ante una parada cardio-respiratoria, o tenéis el veterinario a tiro de piedra o vuestro amigo morirá, y nada puede ser peor que eso.


Para ello, lo ideal es colocar al animal tumbado de costado sobre el lado derecho, de modo que quede el lado izquierdo hacia arriba. Es importante que sea el lado izquierdo el que quede hacia arriba, pues de este modo aplicaremos el masaje directamente sobre el corazón.

A continuación extended su cabeza hasta que quede bien alineada con el tronco para que el aire pueda entrar mejor. Coged la máxima capacidad de aire que podáis en la boca, sin pasarla a los pulmones, y:

1. con un perro grande deberéis cerrar firmemente su mandíbula, cubrir con vuestra boca su nariz, y exhalar fuertemente todo el aire cogido.

2. con un perro pequeño o un gato deberéis cogerle por la mandíbula, cubrir con vuestra boca completamente su nariz y su boca, y exhalar fuertemente todo el aire cogido..

Sabréis que lo estáis haciendo bien si su pecho se mueve con cada exhalación que hagáis.

A continuación, comenzáis con el masaje cardíaco para lo que colocaréis las palmas de las manos una sobre la otra y ambas sobre las costillas del animal, justo detrás de la articulación de la pata delantera (escápulo-humeral). Las compresiones deben ser fuertes y firmes, pero sin ejercer demasiada fuerza, Lo ideal es no doblar los codos durante el masaje, sino dejar vuestro peso recaer suavemente sobre vuestras manos, un poquito más rápido de una por segundo:

1. con un  perro mediano o grande: intercalar 5 respiraciones por cada 15 compresiones.

2. con un perro pequeño o gato: intercalar 3 respiraciones por cada 10 compresiones.

Una vez que haya recuperado la respiración y el pulso llevadle inmediatamente al veterinario.

- Golpe de calor:

Los perros somos mucho más sensibles al calor que los humanos. Lo que a vosotros os resulta molesto o muy molesto, como entrar un mediodía de febrero con 15º en el exterior en un coche que ha estado al sol, a nosotros puede matarnos en minutos. Y mucho más peligro sufren aquellos perros que tienen dificultades para respirar habitualmente.

El golpe de calor es el nombre común de la hipertermia, una subida del calor corporal hasta tal punto que hay riesgo de daños y mal funcionamiento de los procesos fisiológicos. Sus efectos pueden ser temporales o irreversibles, e incluso pueden provocar la muerte.


Los síntomas aparecen cuando la temperatura interna supera los 42º y son fácilmente reconocibles: astenia, decaimiento considerable de fuerzas, temblores musculares, cianosis (coloración azulada de la piel causada por la deficiente oxigenación de la sangre), incapacidad para moverse, respiración muy rápida o muy costosa, aumento del ritmo cardíaco, alteración de la salivación, y tambaleo.

Hasta llegar al veterinario, sobre todo si éste no está a pocos pasos de donde os encontréis, podéis realizar unos primeros auxilios:

No se le debe bajar la temperatura de golpe, porque podríais provocarle una hipotermina con iguales resultados desastrosos. La temperatura debe bajar de forma paulatina, y el animal debe rehidratarse y recuperar el azúcar y las sales que ha perdido.

1. Si puede trasladarse de inmediato a una clínica veterinaria, subidlo al coche y durante el trayecto humedecer (sin envolver ni tapar) prioritariamente el cuello y la cabeza mediante paños mojados en agua no muy fría o un pulverizador de agua (nunca cubrirlo con toallas húmedas), poned un cubito de hielo sobre el puente de la nariz, las ingles y las axilas, humedecedle la boca sin forzarlo a beber, y sin dejar que beba en exceso.

2. Si no puede trasladarse de inmediato a una clínica veterinaria, llevadlo a un sitio fresco, sumergidlo en agua a unos 20º o aplicadle un chorro de agua a esa temperatura hasta que se normalice su respiración, humedeced (sin envolver ni tapar) prioritariamente el cuello y la cabeza mediante paños mojados en agua no muy fria o un pulverizador de agua (nunca cubrirlo con toallas húmedas), ayudaos con un ventilador si es posible, poned un cubito de hielo sobre el puente de la nariz, en las ingles y las axilas, humedecedle la boca sin forzarlo a beber, y sin dejar que beba en exceso.

Cuando la respiración se normalice mantenedlo sobre una toalla húmeda y trasladadlo al veterinario lo antes posible, a quien deberéis explicarle detalladamente todos los pasos seguidos. Es IMPRESCINDIBLE que un veterinario lo tenga bajo control y observación para ver cómo evoluciona, ya que necesitará medicación para recuperarse. La respiración normal no elimina daños cerebrales y otras secuelas de este fuerte shock, por lo que recuerda que DEBES LLEVARLO AL VETERINARIO lo antes posible

- Ataque epiléptico:

La denominada epilepsia idiopática o esencial en perros es una enfermedad cerebral caracterizada por una sintomatología similar a la manifestada en personas que sufren esta patología. Cuando comienza un ataque, de modo aleatorio e imprevisible, se produce una descarga de energía en el cerebro que provoca que el perro se tambalee y caiga con movimientos de pedaleo en las extremidades, convulsiones más o menos fuertes del cuerpo y la cabeza, salivación abundante, micción o defecación sin control y pérdida del conocimiento.


Los ataques epilépticos duran menos de uno o dos minutos, aunque para vosotros pueda parecer una eternidad. Una vez que finaliza el ataque, el perro queda desorientado y cansado.


1. Se debe conservar la calma y colocar al animal en un sitio despejado, a ser posible mullido, y bajo, de manera que no se golpee o caiga de un lugar elevado.

2. No hay que intentar sacar la lengua del perro ni meter vuestras manos en su boca, porque corréis el riesgo de que se la muerda u os muerda a vosotros.

3. Una vez que finaliza el ataque epiléptico, hay que dejar que se recupere en un lugar tranquilo y sin agobiarle con festejos porque, tras el mismo, el animal queda agotado.

¿Es malo que mi perro me lama? ¿Por qué lo hace?

Estas son dos de las preguntas que más frecuentemente se hacen quienes viven por primera vez con perros, y casi más quienes no viven ni han vivido nunca con uno de nosotros y nos lo ven hacer.


Es importante saber por qué lo hacemos. Los perros obtenemos mucha información de lo que nos rodea por medio de nuestros hocicos; es decir, la trufa (o nariz), los bigotes que la flanquean a ambos lados y la boca, olisqueando y lamiendo.




Pero no sólo lamemos para obtener información, también lo hacemos para llamar vuestra atención, demostrar nuestro afecto, o confianza, o agradecimiento o sumisión.

 

También cuando algo nos gusta, como es el caso del sodio que suele haber en vuestra piel.



Así mismo, es un comportamiento habitual cuando sufrimos de ansiedad (lamer al aire), o la sufren otros (lamer al que está ansioso o excitado) como gesto apaciguador.





Y solemos hacerlo también para limpiar nuestras heridas o calmar las zonas en las que sentimos dolor. Es importante observar si el lamido al aire o a un objeto cualquiera es compulsivo y repetitivo porque puede que estemos intentando sacar de la boca algo que nos molesta u obstruye el paso a la garganta, o tengamos un problema gastrointestinal.



Averiguar cuándo es por un motivo u otro será tarea fácil si nos prestáis la debida atención.

Pero ¿es malo para vosotros? Sí y no. Nosotros solemos meter las narices en muchos charcos, todos los que nos encontramos, por regla general, y nos llevamos a la boca las cosas más variopintas, por lo que nuestras bocas no es que estén muy limpias. Sin embargo, nuestras  bacterias y las vuestras no son las mismas, ni nos afectan por igual. Y es por eso que con las debidas precauciones, como tenernos siempre bien desparasitados internamente, mantener nuestras bocas lo más limpias que podáis o evitar que os 'besemos' directamente en la boca o en donde tengáis heridas abiertas, no tiene porqué ser malo.



Como siempre, dejadnos quereros y querednos, es cuestión de un poquito de sentido común.


Cómo afrontar la pérdida de una mascota, de un ser querido.

Cuando perdemos a un buen compañero y amigo es muy difícil afrontarlo. Más para vosotros, que pensáis razonadamente, que para nosotros, que es una cuestión a la que no damos vueltas; simplemente sabemos que sucede y punto. Y aún más cuando se trata de la pérdida de una mascota, porque no contáis con la aceptación lógica de vuestra pena por parte del resto del mundo, como sucedería con la pérdida de cualquier ser querido humano.


¿Por qué este post si es algo que sí o sí debéis pasar, y cada cual pasará el duelo a su manera? Porque por desgracia he visto a mami pasar por esto ya en más de una ocasión y creo que puedo ayudaros con unas sugerencias.

La pérdida de cualquier ser querido os sume en una profunda tristeza y os provoca un cúmulo de sensaciones encontradas. Cuando se trata de uno de nosotros debéis sumar, además, una especie de sentimiento de culpa o vergüenza por sufrir tanto. O, en el mejor de los casos, si bien tenéis claro vuestro 'derecho' a sufrir por perder a un miembro de vuestra familia, la experiencia os dice que vais a estar solos, que poca gente os va a entender.



Pedir unos días de descanso en el trabajo, llorar delante de otras personas, poder desahogaros con alguien o simplemente estar triste y apático son cosas que no podéis hacer libre y despreocupadamente. Sabéis que mucha gente os dirá que 'sólo era una mascota', y eso os producirá aún más dolor.

Por eso, debéis creer sin lugar a dudas que lo que sentís es normal, lo entiendan los demás o no. Que habéis perdido a un ser querido, a un compañero, a un fiel amigo, a un ser que compartía vuestras vidas y os entendía como nadie, y eso es lo único que debe ser tenido en cuenta. Y que quien no lo entienda es quien tiene el problema, y no vosotros.


Pasaréis por varias fases que pueden aparecer en orden o solapadas, y es bueno que conozcáis para que no os pillen por sorpresa:

1. La negación: Os negaréis a aceptar que ya no está y que no volverá. No podéis ni queréis creerlo. Ni siquiera podéis pensar que sea algo definitivo.

2. La ira: Os enfadareis con el mundo, con vosotros mismos, con vuestro ser querido incluso al comprender que de verdad se ha ido y os ha dejado con toda esa tristeza que no creéis poder gestionar.



3. La negociación: Intentáis alcanzar un pacto que os devuelva a vuestro ser querido, un volver atrás en el tiempo que os dé las pautas para recuperarlo. Comenzáis un análisis de todo lo que podríais haber hecho o dejado de hacer para no perderlo.

4. La depresión o la tristeza: Empezáis a aceptar que es definitivo, que no volveréis a verle ni a estar con él o ella, y la pena es tan grande que se traduce en síntomas físicos como sensación de falta de aire, o pérdida del apetito.



5. La aceptación: Por último, comenzáis a aceptar que se ha ido para siempre, desaparecen o se atenúan los sentimientos de culpa, amargura o rencor, y si bien el dolor persiste y el recuerdo no se borrará nunca, sabéis que ha llegado el momento en que podéis retomar vuestra vida normal. Podéis ya recordar sin miedo esos buenos momentos que pasasteis juntos y sonreír al hacerlo.





Durante estas fases, aunque cada cual tiene su forma de vivirlas, y mientras unos necesitan hablar de ello, otros prefieren estar solos, es bueno expresar lo que se siente. Si no podéis o no queréis hacerlo con un humano, habladlo con vuestras otras mascotas, y si no tenéis hacedlo con vosotros mismos, o escribidlo. Sacarlo fuera y racionalizarlo ayuda mucho, creedme, lo sé por experiencia. Es importante que no os sintáis culpables por sufrir o llorar, recordadlo también. Y saber que antes o después ese dolor intenso pasará, puede pareceros una perogrullada, pero es necesario recordarlo.



Espero de corazón haberos ayudado.

Los gatos también se caen. Protégelos de caídas peligrosas.

Los gatos son animales curiosos y juguetones por naturaleza. Les encanta pasar las horas muertas en el poyete o filo de una ventana disfrutando del sol, o mirando lo que sucede fuera. Y a veces se caen.


También los perros podemos caernos, y los niños, aunque es menos común que nos caigamos nosotros a que lo haga un gato. Porque, si bien es cierto que los gatos normalmente son extremadamente ágiles y habilidosos para mantener el equilibrio en las situaciones más impensables, también lo es que por hábiles que sean a veces no calculan bien o se les va el santo al cielo y se caen. Y de ese exceso de confianza por parte de sus compañeros humanos viene que sea mucho más habitual que se caiga por una ventana o terraza un gato a que lo haga un perro o un niño.




Las consecuencias de una caída desde una ventana o terraza para un gato pueden ir desde un tremendo susto con o sin pequeñas lesiones, hasta la pérdida o muerte del animal, pasando por lesiones muy graves o invalidez permanente. También las ventanas abatibles o correderas son muy peligrosas para ellos.




Además, no debemos creer que porque ya se hayan caído una vez aprenderán de la experiencia. Los hay muy reincidentes (cuando sobreviven a la primera caída, quiero decir). Algo que les llame poderosamente la atención o un susto pueden provocar que el gato actúe impulsivamente sin pensar en consecuencia alguna.




Cuando mami era aún inexperta en esto de los gatos, sus tres primeros compañeros felinos cayeron por una ventana, uno detrás de otro. Missi estaba apoyado en el quicio por fuera cuando la abuela, que no le había visto, cerró la ventana. Pussi saltó por un susto al abrirse de golpe la puerta de la habitación en cuya ventana reposaba plácidamente. Y Chiquita saltó detrás de algo que le llamó la atención. Gracias al cielo vivían en un primero y ninguno se hizo nada grave, pero el susto, el disgusto, el veterinario y los dos días buscando a Chiquita hicieron que prácticamente blindara la casa. Podía haberse ahorrado todo eso si hubiera sabido que podía evitarlo fácilmente sólo con poner rejillas en las ventanas.



Nada de eso merece la pena, ni siquiera lo más leve, siendo además tan fácil protegerles de dichas caídas. Incluso aunque no dispongas de dinero para que alguien te instale redes o mallas de rejilla. Puedes hacerlo tú mismo comprando los materiales en una ferretería. Su seguridad y tu confianza en que estarán seguros no tienen precio.
 
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